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domingo, 1 de abril de 2012

Después de su muerte (poema)

Miró el cielo manchado de rojo, quizá para pedir perdón o para reírse de su verdugo. Sus lágrimas ya no eran agua, eran la sangre que brotaba de sus cuencas, su dolor me encantaba tanto que hubiese podido excitarme el hecho  de verle sufrir  unos minutos mas. -lastima, su pena no fue tanta- comento el verdugo, y yo con un  gesto  de  decepción  me encamine a desquitarme con el cuerpo ya inerte 

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