Todavía era muy niña cuando mi padre llegó borracho y me dijo:” no puedes seguir en esta
casa, colócate la ropa de tu madre y sal a la calle que en estos tiempos pagaran
bien por ti “. No entendí lo que me dijo pero le hice caso. Salí a la calle, me
asuste, salí corriendo; huí de mi barrio y de mi casa, me senté cansada en una
acera que se convirtió en mi hogar.
No soy una prostituta como quiso mi padre, soy una mujer en las calles de Medellín que mendiga una migaja.
No soy una prostituta como quiso mi padre, soy una mujer en las calles de Medellín que mendiga una migaja.
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